Expedición al Oued Afra y al Oued Khat. Diciembre 2015.

El pasado mes de diciembre de 2015 realizamos una expedición zoológica al Sáhara Atlántico de diez días de duración, con el beneplácito del Alto Comisariado de Aguas, Bosques y Lucha Contra la Desertificación de Marruecos. En esta ocasión nos acompañó Benigno Varillas, todo un inmenso honor para Harmusch. Los principales objetivos fueron dos: 1) intentar obtener fotografías mediante cámaras trampa de la esquiva mangosta esbelta en el Oued Afra, y 2) prospectar la cuenca del Oued Khat en busca de gacelas dorcas. Además, como de costumbre, recopilamos datos sobre el resto fauna vertebrada sahariana.

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Áreas prospectadas

Para “capturar” imágenes de la escurridiza mangosta, se instalaron 20 cámaras de infrarrojos pasivos en un área donde esta especie parece ser relativamente común, a juzgar por la cantidad de huellas que localizamos en expediciones previas. Estas cámaras permanecieron activas durante 5 días, tiempo demasiado limitado impuesto por la logística de la expedición. Y, de nuevo, no pudimos obtener ninguna foto de la especie objetivo. En experiencias similares previas (por ejemplo en abril de 2014) comprobamos como las huellas llegaban a quedarse a pocos metros del campo de las cámaras, pero el atrayente no funcionaba. En esta nueva ocasión, colocamos un atrayente de eficacia probada por uno de los nuestros en el desierto del Namib (Jesús Bautista), donde el año pasado consiguió foto-capturar mangostas esbeltas.

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Gato de las arenas (Felis margarita) en el Oued Afra, olisqueando el atrayente olfativo.

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Feneco (Vulpes zerda) en el Oued Afra.

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Ratel (Mellivora capensis) en el Oued Afra.

Lamentablemente, cinco días es poco esfuerzo y, de hecho, durante la retirada de las cámaras no se detectaron huellas de mangostas, por lo que es posible que en ese tiempo ningún ejemplar pasara por las proximidades. Eso sí, conseguimos un buen premio de consolación, ya que dos cámaras capturaron imágenes de gato de las arenas, probablemente de las primeras que se obtienen de la especie con este método. Este hecho, junto con los datos previos que hemos obtenido in situ, nos ha animado a solicitar un proyecto  a la Fundación Panthera, con el fin de estudiar a este pequeño gato desértico mediante foto-trampeo. Esperemos tener suerte y nos concedan la ayuda económica solicitaba (14.000 USD), pues es una de las especies de felino más desconocidas del Planeta y nuestra zona ofrece grandes posibilidades para su investigación. Las cámaras también tomaron numerosas imágenes de feneco, zorro rojo, gato montés africano y, por segunda vez en nuestras expediciones, de ratel.

El Oued Khat es un paleo-cauce afluente de la Sequiat Al Hamra por su margen izquierda, que llega desde una remota área del Sáhara Atlántico. Allí las gacelas dorcas fueron comunes en tiempos del profesor Valverde, allá por los años 60 y 70 del pasado siglo, aunque la explotación de la cercana mina de fosfatos de Bou Craa trajo un incremento muy serio de la caza furtiva. Nuestro equipo accedió a la parte más meridional y lejana de la cuenca, donde pudimos realizar cuatro puntos de muestreo intensivo.

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Paisaje típico del Oued Khat.

No localizamos ninguna evidencia de presencia reciente de gacelas, tan sólo dos cuernos en el interior de un cubil de chacal o de hiena rayada. Nuestros datos ponen en evidencia la mala situación de los ungulados silvestres en el Sáhara, para los que las eventuales medidas de protección llegarán demasiado tarde en amplias zonas, si es que  llegan. Es realmente triste ver esos bellos paisajes vacíos de sus otrora abundantes antílopes y avestruces. Aunque bien es cierto que mantienen unas condiciones aparentemente adecuadas para el retorno de las dorcas, los mohors y los órices cimitarra. Si los habitantes humanos del desierto lo permiten y lo reclaman, ojalá podamos colaborar en ello.

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Cuernos de macho de gacela dorcas (Gazella dorcas) del Oued Khat.

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Huella de caracal (Caracal caracal) en el Oued Khat, detalle de la impresión de una pata posterior tomado de un rastro completo.

Por fortuna, otras especies van aguantando el tipo. Hemos vuelto a encontrar un rastro muy completo de caracal (en enero de 2014 dimos con otro cerca de Aousserd) en el Khat, y una noche escuchamos claramente el reclamo de un ejemplar en celo en el Oued Ksat (Aydar Negro). Estos datos van confirmado la presencia de una población desértica de muy baja densidad y tal vez fragmentada, pero en apariencia muy extendida. Otros carnívoros observados directamente en fueron los ubicuos chacales (los lobos dorados norteafricanos), feneco y gato montés, así como huellas de zorro de Ruppell.

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Alondra ibis (Alaemon alaudipes) en el Oued Khat.

Entre los micro-mamíferos, desatacan por su interés biogeográfico las observaciones de meriones líbico y jid gordo. Se observaron 33 especies de aves, entre ellas el búho desértico, hallazgo que ha permitido obtener más egagrópilas para los estudios de alimentación. Por último, como siempre, agradecemos a Bujarkay los magníficos Defender que pone a nuestra disposición, y la gran amabilidad del profesor Abdeljebbar Qninba por gestionarnos los permisos de investigación.

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Equipo expedicionario. Diciembre 2015

Más información sobre expediciones y hallazgos en nuestro libro, >>sigue el link>>

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Expedición al Sáhara Occidental. 2011. (6) El Regg Labyad

Según los últimos informes, Standard&Pool y Moody’s han rebajado la nota de calificación de nuestro stock de pan. Ya no tiene la triple A. Uno le da la AAB- y el otro ABB pero con tendencia negativa amortiguada.

Vamos, que el pan se está poniendo duro.

Javi Chico nos enseña una manera rápida de convertir los mendrugos de pan en algo exquisito. Con desparpajo los tira encima de las brasas y las cenizas. Nosotros, que los poníamos a calentar apoyándolos sobre ramas o piedras nos escandalizamos. Parece como si los quisiese utilizar de combustible. Pero no. Allí, en contacto directo con las brasas, reviven. Abriendo esos panes crujientes por la mitad y echándoles aceite de oliva y sal queda un desayuno inigualable.

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Javi, el lamparones, sigue durmiendo en el techo del land rover. Por eso de ver las estrellas. Así que suele ser el primero en levantarse, para ir cuanto antes a la hoguera y desentumecerse. ¿El primero? ¡No! Antes asoma el Indio, acostumbrado a los madrugones y la rasca.

Uno de los hallazgos de la jornada anterior no fue muy feliz. Encontramos los restos de una hoguera aún humeante. Al lado había una cola de gato montés, cortada hacía pocas horas. La red de pistas que descubrimos y los linternazos que vamos viendo por las noches nos permiten concluir que se caza de modo bastante activo. Eso cuadra también con los todoterrenos que avistamos. Todoterrenos lujosos. Gente de pasta que sabe lo que hace. Con rutas que pasan por todos los puntos de agua que hemos ido encontrando. Saben a lo que van. A sorprender a los animales cuando van a beber. Tiran a lo que sea. Perdices, liebres, gato montés. El premio gordo es la gacela, pero todo vale.

La lumbre se va tragando los desperdicios que vamos generando. Es muy voraz. Cuando uno pasa por al lado va echando la morralla que ha acumulado en los bolsillos. La hoguera, aparentemente adormecida, responde con un par de llamas, celebrando que alguien haya echado un pañuelo, el envoltorio de un chicle o las pelusas que se acumulan en las tiendas.

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Mientras el Indio y Jesús han ido a retirar las cámaras-trampa los demás desmontamos el campamento. Rehacemos las mochilas, volvemos a meter los bidones de agua en el Toyota, las cajas de comida. Los que más trabajan con Bego y Migue, al tanto de la logística, pendientes de la ubicación más eficaz. Haciendo un puzle tridimensional cada día.

El plan para hoy es seguir rumbo este y buscar un lugar que nos parezca bien en el Regg Labyad. Aquí vamos a encontrar arena, incluso campos de dunas, un hábitat mucho más adecuado para el gato de (adivinen) las arenas. Antes de salir detectamos dos águilas reales. Ángel y Jesús, que no paran de otear el horizonte con sus prismáticos, han visto algo. Enseguida hemos desplegado toda la artillería óptica que traemos y con gran pericia los expertos han encontrado el nido en un roquedo.

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Así da gusto. Es impresionante lo que esta gente es capaz de detectar. Si yo fuese solo por aquí me llevaría la sensación de que esto es un pedregal vacío. Pero con los harmusch la cosa cambia: ‘Mira’, te dicen ofreciendo el telescopio, y perfectamente enfocado, en el centro del objetivo, está el águila.

Javi Chico adora conducir por el desierto. Va feliz. En su salsa. Los del techo se agarran como pueden a las barras de la baca. Pasamos rebaños de camellos. Las madres interponen su cuerpo entre los coches y su cría. Da igual que vayas para adelante o para atrás intentando sacar una foto de madre e hijo. La madre siempre delante. Siempre protegiendo. Con lo único que tiene. Su cuerpo. Su vida.

Encontramos varios asentamientos de pastores a lo largo del camino. Casi todos muy provisionales. Otros parecen más estables. Junto a estos últimos hay pozos y aljibes de reciente construcción. Toda el agua que se saca del subsuelo es en detrimento de las acacias.

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Los cuervos saharianos levantan el vuelo cuando pasamos junto a la carroña que trabajan. ‘Buena señal’, dice Ángel. Si hay cuervos es que no ponen veneno’, aclara. ‘¿Y cómo es eso?’, le pregunto. ‘Los cuervos son los primeros en desaparecer, porque son los únicos que encuentran todas las carroñas. Si de manera habitual se ponen cebos envenenados los cuervos serían los más afectados. La presencia de cuervos indica que el uso del veneno no está extendido por la zona’.

Una vez más me doy cuenta que ir a buscar bichos parece un juego de detectives. Hay que estar atento a cualquier detalle. Leer el paisaje. Anotar cada suceso, por insulso que parezca.

Tengo la sensación de que los días se nos escurren entre las manos. Pasan sin notarse. Ya está atardeciendo. Necesitamos buscar un lugar en el que pasar la noche. Encontramos uno al pie de un relieve interesante, peculiar, que nos puede ser útil para localizarlo desde lejos.

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Dejamos los coches en unas raquíticas sombras. De nuevo volvemos a fragmentarnos y desperdigarnos: parecemos una rehala de sabuesos que sale desaforada en cuanto le abren la puerta. Husmeamos todo lo que podemos. Enseguida hay alguno que ha empezado a trepar la paramera. Otro que busca excrementos de guepardo en lo alto de las acacias. Otros se meten por el oued. Otros colocan las trampas para micromamíferos. La actividad es febril. Aquí no se está quieto ni dios. Ni tampoco Alá.

A las tantas, cuando estamos poniendo en la lumbre unas patatas, llega Javi Chico, que es el que se fue por la paramera. Es noche cerrada. Empezábamos a preocuparnos. Nos cuenta su último hallazgo. Un camello muerto. Recién parido. La madre dando vueltas en torno al cadáver, nos cuenta. Desesperada. Para evitar que den cuenta de él los carnívoros. Los hambrientos chacales. Los cuervos.

Es cruel. Es brutal. Es la naturaleza. Proteína que circula constantemente.

Al minuto de la noticia un coche sale a toda velocidad. Ángel y Javi, el lamparones, se aferran como pueden a la baca. Focos, linternas y frontales barren el llano. En busca de ojos. Vamos a buscar el camello muerto, un sumidero de carnívoros. Una cámara trampa colocada allí puede dar mucha información. ‘¡Allí, allí, tío!’ exclama Gerardo. Experto en avistamientos nocturnos ya ha detectado unos ojillos. ‘Dale tío, dale’ Le espetamos al conductor.

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El coche empieza a bandear. A coger velocidad. Alguien saca la cabeza por la ventanilla y les dice a los de arriba: ‘¡Agarraos!’. ‘Dale, Javi, dale’. ‘¿Más?’, responde algo incrédulo. Mientras el zorrillo a toda pastilla dando unos requiebros que nos hacen variar el rumbo contantemente. Javi Chico, que también quiere ver al cánido. ‘Tú mira para adelante que nos vamos a dar una hostia’. ‘¡Y acelera coño!’. Entonces retador, responde: ‘¿De verdad me dais permiso para ir más rápido? Vale’ –se contesta él mismo. Y entonces sí. Empezamos a acortar distancias. Y a notar los golpes de los de arriba, que las deben estar pasando canutas.

Vemos al zorro de Rüppel a placer. Perfecto. Con la punta de la cola blanca. ‘Para, para, que lo revientas’.Bajamos el ritmo, y el zorrillo se diluye en la noche. Seguirá buscando gerbos.

Por fin retomamos la ‘ruta’ y llegamos al camellito muerto. La placenta ya ha desaparecido. Y los cuartos traseros. La madre se ha perdido en la oscuridad. Consciente de que no había nada que hacer. Se ha alejado de allí. Al menos no ver cómo desgarran el cadáver de su hijo. Como los cuervos le picotean los ojos.

Vaga la camella en la noche sahariana. Vaga sola, desconcertada. Llora. Las lágrimas se filtran en el pavimento del desierto. Pedregales silenciosos. No tiene más remedio que seguir adelante.

La vida es una lucha a muerte.

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Expedición al Atlas Sahariano occidental, Chott Tigri y Meseta de Rekkam (Marruecos). Marzo-Abril 2015

El pasado mes de marzo la Asociación Harmusch organizó una expedición faunística al extremo sur-oriental de Marruecos (mapa). El objetivo fundamental era intentar detectar al caracal norteafricano (Caracal caracal algira), un felino muy amenazado del que literalmente no existe información reciente fidedigna sobre su presencia en Marruecos, a pesar de que estuvo muy distribuido en este país hasta el siglo pasado. Es un caso muy similar al lince ibérico (Lynx pardinus), especie que hasta mediados del siglo XX se repartía bien por el cuadrante sur-occidental de la Península Ibérica y que estuvo a punto de extinguirse a principios del siglo XXI. La expedición además pretendía obtener datos en áreas poco prospectadas sobre la presencia y abundancia de la gacela de Cuvier (Gazella cuvieri) y otras especies amenazadas o raras.

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El trabajo se organizó en dos equipos: el primero (Javier Herrera, Jose Luis Sánchez Balsera, Jose María Gil Sánchez y Nicholas Allan) partió el 19 de marzo desde Almería a Melilla y su misión era instalar 24 cámaras trampa en una zona cercana a Bouarfa, dentro del Atlas Sahariano, en la que un compañero (J.L. Sánchez Balsera) localizó un rastro atribuible a caracal en octubre de 2014, para después iniciar el reconocimiento del terreno mediante rastreos a pie. El segundo equipo (Javi Rodríguez Siles, Inma Cancio, Miguel A. Díaz, Ángel Arredondo, Jesús de Lucas, Juanma Sáez, Salva Castillo, Luis Cardenete, Paco Jiménez, Nena Stols, y Saúl Yubero) se incorporó el 28 de marzo partiendo un día antes desde Melilla vía Málaga, y su misión era completar los muestreos a pie y retirar las cámaras-trampa. Sin embargo, un retraso con la tramitación de la autorización (mea culpa por solicitarla sin suficiente antelación) generó un conflicto con las autoridades locales y tuvimos que retirar todas las cámaras justo el día que llegó a Bouarfa el segundo equipo. Nos vimos obligados a dar por terminado el trabajo y desplazarnos a otra zona más alejada de la frontera con Argelia, por lo que decidimos hacer una rápida visita a la meseta del Rekkam, regresando a España el 5 de abril.

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A pesar de estos imprevistos que frustraron la idea inicial, pudimos obtener datos faunísticos muy interesantes. En primer lugar debemos destacar que no se pudo obtener ningún registro de caracal más allá de algún testimonio de pastores sobre su presencia actual, pero el esfuerzo fue del todo insuficiente y nuestro trabajo no es concluyente para nada. Observamos cuatro gacelas de Cuvier en el extremo meridional del Rekkam, justo a los pies de las estribaciones orientales del Alto Atlas, mientras que en Chott Tigri localizamos rastros frescos de al menos tres ejemplares. En este último paraje también encontramos huellas muy claras de un gato de las arenas (Felis margarita), que sería el registro más septentrional de las especie en Marruecos y que probablemente confirma la existencia de un núcleo poblacional aislado por la cordillera del Atlas. También encontramos rastros excelentes de puerco espín (Hystrix cristata) en tres localidades y observamos dos chacales (Canis aureus), cuatro zorros rojos (Vulpes vulpes), un zorro de Ruppel (V. rueppelli) y un gato montés (F. libyca); en las camáras-trampa se
OLYMPUS DIGITAL CAMERA fotografiaron una jineta (Genetta genetta) y varios zorros rojos. Entre las aves, destacamos la abundancia de águilas reales (Aquila chrysaetos), con doce ejemplares observados, además de seis águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus), un halcón tagarote (Falco pelegrinoides), dos bornís (F. biarmicus), varios ratoneros moros (Buteo ruffinus) y tres búhos chicos (Asio otus); también vimos un macho de hubara (Chlamydotis undulata), ortegas (Pterocles orientalis), cuervos desertícolas (Corvus ruficollis), algunas alondras ibis (Alaemon alaudipes), muchas alondras cornudas saharianas (Eremophila bilopha) y terreras marismeñas (Calandrella rufescens), ¡siete especies de collalbas!: núbica (Onenanthe lugens), culirroja (O. moesta), yebélica (O. lecopyga), negra (O. leucura), rubia (O. hispánica), desértica (O. deserti) y gris (O. oenanthe), colirrojos diademados (Phoenicurus moussieri), aviones roqueros africanos (Hirundo fuligula), tarros canelos (Tadorna ferruginea), etc. Nos llamó mucho la atención al abundancia de restos de cáscaras de huevos de avestruz (Struthio camelus) que encontramos en los afloramientos arcillosos del Chott Tigri, lo que pone Imagen6de manifiesto un reciente esplendor faunístico ya tristemente desaparecido aunque recuperable no obstante. Entre los herpetos destacamos una víbora cornuda (Cerastes cerastes), numeroros dobs (Uromastix achanthinurus), culebras de cogulla (Macroprotodon cucullatus), un camaleón (Chamaeleo chamaleeon) y, en los espartales del Rekkam, abundantes tortugas moras (Testudo graeca). Esta información pone de manifiesto la importancia de esta región para la conservación de la fauna de Marruecos (todas las fotos mostradas se tomaron durante el viaje). Datos que hemos plasmando en un informe técnico a solicitud del Haut Commissariat aux Eaux et Forêts et à la Lutte Contre la Désertification del Gobierno de Marruecos, con el que esperamos añadir nuestro grano de arena en la gestión de los recursos naturales de aquellas tierras.

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Agradecemos su buen hacer y amabilidad a Abdeljebbar Qninba (Instituto Científico de Rabat), que gestionó la autorización y nos ayudó a salir del follón que montamos en Bouarfa, y también estamos en deuda con la Gendarmería Real de esta localidad, que en todo momento nos trató de manera muy cordial y correcta; desde aquí queremos transmitirles una vez más nuestras disculpas, así como a los agentes del HCAFLCD. Y como no, gracias de nuevo a Bujarkay por los excelentes Land Rover Defender que siempre pone a nuestra disposición.

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