En busca del caracal (I)

El 18 de febrero un equipo formado por miembros y colaboradores de Harmusch parte de nuevo hacia el sur. Allí nos espera el Dr. Sidi Imad Cherkaoui y el investigador doctorando Thomas Lahlafi . Este equipo hispano-marroquí muestreará una zona del Medio Atlas en busca de indicios de la presencia de caracal (Caracal caracal algira).

Como siempre, contamos con el importantísimo apoyo, colaboración y autorizaciones de “Le Haut Commissaire aux Eaux et Forest et a la Lutte contre la Desertification” del gobierno marroquí y, en esta ocasión, también con la colaboración del Parque Nacional Ifrane.

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Se busca al dueño de estas huellas

El caracal es un felino de tamaño medio con amplia distribución en África y sur de Asia, y que ocupa una amplia diversidad de hábitats. Aunque en el noroeste de África existe una de las zonas de distribución histórica, la poca información que se tiene de la especie indica que este felino aparece de forma intermitente y en  densidades muy bajas.

En las últimas décadas y en el área de trabajo que nos proponemos prospectar, solo existen algunas observaciones e indicios de la especie ─incluida una cita del propio Dr. Sidi Imad─ y rastros de su presencia hallados por miembros de Harmusch, esta vez actuando en calidad de técnicos contratados dentro de un proyecto de la Universidad de Alicante.

El equipo de campo, con amplia experiencia en trabajos con felinos silvestres, muestreará la zona para confirmar si existe o no una población estable de la especie y, si así fuese, obtener primeras aproximaciones a aspectos ecológico básicos como su densidad de población, alimentación, etc.

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Por esos campos del señor…o de Alá

Expedición al Djebel Ouarkziz, Reg Labyad y Montes Aydar. Navidades 2016.

Como viene ya siendo tradición, hemos vuelto a pasar el cambio de año en el desierto. En esta ocasión el principal objetivo de la expedición ha sido instalar varios bloques de cámaras-trampa, que serán retiradas el próximo mes de abril. La idea es conseguir un elevado esfuerzo de foto-trampeo que nos permita obtener información de calidad sobre distintos aspectos de la ecología de los medianos y grandes mamíferos de nuestra región de estudio. Por supuesto, también esperamos captar imágenes de algunas especies que hasta ahora o bien han esquivado las cámaras, o bien tenemos dudas sobre su presencia actual.

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Hemos dejado instaladas 34 cámaras en cinco zonas distintas que representan a importantes biotopos locales: áreas abruptas del Djebel Ourkziz, oueds cubiertos de acacias del Reg Labyad, ramblas entre las oscuras lomas del Aydar Negro y por fin en algún oasis perdido. Si todo va bien (el viento no causa exceso de disparos, los lugareños respetan el material…), la próxima primavera tal vez colectemos interesantes imágenes de gacelas de Cuvier, arruís saharianos, lobos dorados, gatos, zorros, rateles, etc. Y quien sabe si caerá la esquiva mangosta esbelta, la zorrilla líbica o incluso la amenazadísima hiena rayada (puestos a imaginar: el guepardo sahariano sería el premio máximo).

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Durante la instalación de las cámaras hemos aprovechado para tomar más datos sobre la fauna del desierto y, en particular, recoger muestras de carnívoros para su análisis molecular, actividad que desarrollamos en el marco de una colaboración entre Harmusch y la Estación Biológica de Doñana. Destacamos la observación de diez gacelas de Cuvier distintas y veinticuatro carnívoros de seis especies, casi todos ellos durante foqueos nocturnos a pie: siete lobos dorados, cuatro zorros rojos, un zorro de Ruppel, nueve gatos monteses, dos ginetas y un ratel. Este último se trata de la primera observación directa de este gran mustélido por nuestro equipo.

Sin duda, ha sido la expedición del ratel, pues además de disfrutarlo en directo, hemos encontrado gran cantidad de huellas y excrementos que serán muy útiles para continuar con los estudios de su ecología trófica. Las observaciones de aves tampoco han estado mal, como es norma, y entre los herpetos, nuestro colaborador habitual Luis Cardenete encontró una serpiente gato norteafricana, un registro muy importante debido a la notable escasez de datos en Marruecos.

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La nota negra la puso una partida de cazadores que nos encontramos en el Aydar Rojo. Venían con su todo-terreno desde El Aaiúm a por gacelas de Cuvier y de arruís, como nos confesaron sin ningún tapujo. Aunque en realidad esta gente le dispara a todo bicho viviente. Eso sí, muy amablemente nos ofrecieron una liebre que acababan de matar desde su vehículo. En esta región de enorme valor para la conservación de la fauna sahariana los furtivos siguen campando a sus anchas. Menos mal que la orografía juega a favor de la fauna, dando algo de protección a los animales que aún sobreviven a los dañinos depredadores humanos. Pero ¿hasta cuándo?

En este viaje hemos encontrado el desierto en una de sus versiones más espectaculares por las copiosas lluvias caídas en noviembre. La floración de miles de margaritas amarillas, gamones y lirios hace que las habitualmente desoladas laderas de los cerros aparezcan llenas de color. En los oueds hemos visto abundantes parches de intenso verde que  se nos antojaban norteñas praderas totalmente desubicadas. La explosión de vida animal esta primavera va a ser muy notable, a ver qué nos cuentan las cámaras-trampa.

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Como siempre, nuestro más sincero agradecimiento al profesor Abdeljebbar Qninba por la gestión del permiso de investigación, y a Bujarkay, por los excelentes todo-terrenos que pone a nuestra disposición. Han participado en la expedición: Ángel Arredondo, Inma Cancio, Jose María Gil-Sánchez, Miguel Ángel Díaz-Portero, Javier Herrera-Sánchez,  Javier Rodríguez-Siles, Juanma Sáez-Muñoz, Gerardo Valenzuela, Ugo Melone y Luis Fernández-Cardenete.

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Harmusch publica en Oryx

ORXRecientemente hemos recibido una buena noticia. La revista científica Oryx – The International Journal of Conservation (www.oryxthejournal.org) va a publicar un artículo que resume nuestros cuatro años de campañas de seguimiento de la gacela de Cuvier en medios saharianos. Su título es: Evaluating methods for surveying the endangered Cuvier’s gazelle (Gazella cuvieri) in arid landscapes. Esta especie, el harmusch en hasanía, es endémica del noroeste de África, donde su situación es bastante desconocida.

Al menos se sabe que sus poblaciones son muy reducidas y se encuentran notablemente fragmentadas y  afectadas por la caza furtiva. La mayor parte del conocimiento sobre esta especie se basa en trabajos no sistemáticos y, a menudo, en información de segunda mano recopilada por medio  de entrevistas a lugareños.

Nuestro equipo ha evaluado dos métodos de campo, diseñados para comprobar su eficacia a la hora de recopilar de manera científica datos demográficos básicos: muestreos de ejemplares observados directamente y muestreos de indicios indirectos (huellas y excrementos). Para ello, entre 2011 y 2014 hemos recorrido a pie 2.169 km a lo largo de diez expediciones que han prospectado una región de 20.000 km2 comprendida entre el bajo río Draa y la alta Sequiat al Hamra, un área ya sahariana en contacto con el Anti Atlas de Marruecos.

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Gacela de Cuvier (Gazella cuvieri) en plena exhibición

Los resultados indican que ambos métodos son adecuados para obtener información fidedigna sobre la situación de las gacelas de Cuvier; el muestreo de indicios indirectos es muy eficiente detectando a la especie, mientras que las estimas de densidad basadas en muestreos de distancias requieren de un notable esfuerzo, si bien aportan  los mejores datos demográficos. Durante la realización del estudio hemos colaborado estrechamente con el CIBIO  de la Universidad de Oporto, en cuyos laboratorios se procedió a la identificación molecular de las valiosas muestras adquiridas en los mencionados recorridos. Lamentablemente, por limitaciones de espacio editorial, tuvimos que eliminar la evaluación del foto-trampeo aplicado a las gacelas, que también resultó en conclusiones aplicadas. En cualquier caso, hemos traído buenas noticias del desierto, pues si bien se pensaba que esta población estaba a punto de desaparecer, en realidad cuenta con unos mil individuos y con la mayor variabilidad genética conocida, lo que sin duda representa el núcleo más importante, con diferencia, a nivel mundial.

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Mediciones y toma de muestras en una de las expediciones

Por desgracia, también hemos constatado que los furtivos campan a sus anchas por la región, por lo que probablemente el futuro de esta población se encuentre comprometido. El agreste terreno parece ejercer una notable labor protectora lo que sin duda explica la persistencia de las duras gacelas de Cuvier, a pesar de todo. Ahora nos toca seguir buscando medios para colaborar en su protección en la práctica, a ver si este año tenemos más suerte con los proyectos a los que nos hemos presentado.

Expedición al Oued Afra y al Oued Khat. Diciembre 2015.

El pasado mes de diciembre de 2015 realizamos una expedición zoológica al Sáhara Atlántico de diez días de duración, con el beneplácito del Alto Comisariado de Aguas, Bosques y Lucha Contra la Desertificación de Marruecos. En esta ocasión nos acompañó Benigno Varillas, todo un inmenso honor para Harmusch. Los principales objetivos fueron dos: 1) intentar obtener fotografías mediante cámaras trampa de la esquiva mangosta esbelta en el Oued Afra, y 2) prospectar la cuenca del Oued Khat en busca de gacelas dorcas. Además, como de costumbre, recopilamos datos sobre el resto fauna vertebrada sahariana.

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Áreas prospectadas

Para “capturar” imágenes de la escurridiza mangosta, se instalaron 20 cámaras de infrarrojos pasivos en un área donde esta especie parece ser relativamente común, a juzgar por la cantidad de huellas que localizamos en expediciones previas. Estas cámaras permanecieron activas durante 5 días, tiempo demasiado limitado impuesto por la logística de la expedición. Y, de nuevo, no pudimos obtener ninguna foto de la especie objetivo. En experiencias similares previas (por ejemplo en abril de 2014) comprobamos como las huellas llegaban a quedarse a pocos metros del campo de las cámaras, pero el atrayente no funcionaba. En esta nueva ocasión, colocamos un atrayente de eficacia probada por uno de los nuestros en el desierto del Namib (Jesús Bautista), donde el año pasado consiguió foto-capturar mangostas esbeltas.

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Gato de las arenas (Felis margarita) en el Oued Afra, olisqueando el atrayente olfativo.

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Feneco (Vulpes zerda) en el Oued Afra.

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Ratel (Mellivora capensis) en el Oued Afra.

Lamentablemente, cinco días es poco esfuerzo y, de hecho, durante la retirada de las cámaras no se detectaron huellas de mangostas, por lo que es posible que en ese tiempo ningún ejemplar pasara por las proximidades. Eso sí, conseguimos un buen premio de consolación, ya que dos cámaras capturaron imágenes de gato de las arenas, probablemente de las primeras que se obtienen de la especie con este método. Este hecho, junto con los datos previos que hemos obtenido in situ, nos ha animado a solicitar un proyecto  a la Fundación Panthera, con el fin de estudiar a este pequeño gato desértico mediante foto-trampeo. Esperemos tener suerte y nos concedan la ayuda económica solicitaba (14.000 USD), pues es una de las especies de felino más desconocidas del Planeta y nuestra zona ofrece grandes posibilidades para su investigación. Las cámaras también tomaron numerosas imágenes de feneco, zorro rojo, gato montés africano y, por segunda vez en nuestras expediciones, de ratel.

El Oued Khat es un paleo-cauce afluente de la Sequiat Al Hamra por su margen izquierda, que llega desde una remota área del Sáhara Atlántico. Allí las gacelas dorcas fueron comunes en tiempos del profesor Valverde, allá por los años 60 y 70 del pasado siglo, aunque la explotación de la cercana mina de fosfatos de Bou Craa trajo un incremento muy serio de la caza furtiva. Nuestro equipo accedió a la parte más meridional y lejana de la cuenca, donde pudimos realizar cuatro puntos de muestreo intensivo.

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Paisaje típico del Oued Khat.

No localizamos ninguna evidencia de presencia reciente de gacelas, tan sólo dos cuernos en el interior de un cubil de chacal o de hiena rayada. Nuestros datos ponen en evidencia la mala situación de los ungulados silvestres en el Sáhara, para los que las eventuales medidas de protección llegarán demasiado tarde en amplias zonas, si es que  llegan. Es realmente triste ver esos bellos paisajes vacíos de sus otrora abundantes antílopes y avestruces. Aunque bien es cierto que mantienen unas condiciones aparentemente adecuadas para el retorno de las dorcas, los mohors y los órices cimitarra. Si los habitantes humanos del desierto lo permiten y lo reclaman, ojalá podamos colaborar en ello.

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Cuernos de macho de gacela dorcas (Gazella dorcas) del Oued Khat.

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Huella de caracal (Caracal caracal) en el Oued Khat, detalle de la impresión de una pata posterior tomado de un rastro completo.

Por fortuna, otras especies van aguantando el tipo. Hemos vuelto a encontrar un rastro muy completo de caracal (en enero de 2014 dimos con otro cerca de Aousserd) en el Khat, y una noche escuchamos claramente el reclamo de un ejemplar en celo en el Oued Ksat (Aydar Negro). Estos datos van confirmado la presencia de una población desértica de muy baja densidad y tal vez fragmentada, pero en apariencia muy extendida. Otros carnívoros observados directamente en fueron los ubicuos chacales (los lobos dorados norteafricanos), feneco y gato montés, así como huellas de zorro de Ruppell.

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Alondra ibis (Alaemon alaudipes) en el Oued Khat.

Entre los micro-mamíferos, desatacan por su interés biogeográfico las observaciones de meriones líbico y jid gordo. Se observaron 33 especies de aves, entre ellas el búho desértico, hallazgo que ha permitido obtener más egagrópilas para los estudios de alimentación. Por último, como siempre, agradecemos a Bujarkay los magníficos Defender que pone a nuestra disposición, y la gran amabilidad del profesor Abdeljebbar Qninba por gestionarnos los permisos de investigación.

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Equipo expedicionario. Diciembre 2015

Más información sobre expediciones y hallazgos en nuestro libro, >>sigue el link>>

Expediciones zoológicas al Sahara Atlántico

Uno nunca sabe muy bien cómo le ven desde fuera. Cuando se trata de un grupo más o menos heterogéneo aunque con intereses y gustos en común, como puede ser Harmusch, lo que uno puede esperar es que a veces nos cataloguen como un poco descarriados, algo atípicos, con alguna cosa interesante que contar. Aunque tampoco podemos enfadarnos si alguien nos califica de personajes inmaduros en busca de sueños imposibles.

La idea de escribir este libro surge tras el interés que Nacho Ruiz, editor de Ediciones Rodeno, nos muestra tras leer un artículo publicado en Quercus (Asociación Harmusch. 2015. Tras los pasos de Valverde: expediciones al Sahara Occidental. Quercus. Cuaderno 348: 26-33) en el que dábamos cuenta de nuestras expediciones al Sahara y sus hallazgos zoológicos. Así, el verano transcurre entre calores soporíferos y versiones que de los distintos capítulos nos enviamos de unos a otros y que, poco a poco, se van puliendo y ensamblando.

Consideramos que era importante contar con un prologuista cualificado, alguna figura relevante que nos permitiese añadir interés al libro. Cuál fue mi sorpresa cuando Benigno Varillas se prestó para tal cometido. Para mí era una especie de reencuentro, puesto que a Benigno lo conocí, cuando era niño, gracias a que mi padre, Silvio Martínez, y su gran amigo Miguel Ángel García-Dory que contribuyeron con artículos cuando Quercus echaba a andar. Benigno Varillas fue el fundador de una revista que es referencia en el ecologismo español y su maestría narradora se consagró definitivamente, en mi opinión, con una excelsa biografía sobre Félix Rodríguez de la Fuente, libro de más de 700 páginas que no pude parar de leer.

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Rumbo sur

Como escritor me correspondió redactar una buena parte del libro y revisar todo lo que se iba haciendo. Cuando llegó a mis manos el prólogo de Benigno me quedé algo más que sorprendido. Lo cierto es que me emocioné. Advertí cómo nos veían desde fuera y, aunque como dije al principio las opiniones pueden ser muy diversas, está era relevante, porque provenía de un periodista ambiental consagrado que, por ejemplo, ha recibido el Premio Nacional de Medioambiente. Así comienza su prólogo Benigno Varillas:

«África fue el último continente explorado por los europeos. A su nombre quedó asociada la imagen de expedicionarios de leyenda que se abrieron paso por sus costas, sabanas, selvas y desiertos. A esa saga de hombres míticos pertenecen los curtidos naturalistas que en este libro hacen balance de sus aventuras por el Sáhara, descubriendo mucha de su fauna que se creía extinguida. Son los últimos representantes de una estirpe de espíritus libres, llenos de curiosidad y pasión por ver de cerca y saber más de la vida salvaje».

Lo que uno siente tras leer este párrafo y verse incluido en esa saga es una inmensa alegría por haber tenido la oportunidad de formar parte de Harmusch y disfrutar de la sabiduría de mis compañeros, de su amistad y de su compañía. De repente las cosas cobran sentido y aunque las expediciones no tengan por objeto buscar reconocimiento, ni palabras de este calibre, es imposible no sentirse reconfortado por ellas.

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Explorando una cubil de hienas, en plena acción

Han sido muchos años de dar bandazos, por selvas, desiertos y montañas (y lo que queda), han sido unos meses duros de redacción, de discusiones (amistosas) con los compañeros de aventura para que el libro llegase a buen puerto. Por fin el libro se presentó en la SECEM y ya está a vuestra disposición.

En él el lector podrá encontrar al menos dos cosas. En primer lugar una narración desenfadada del devenir de las expediciones, que permitirá conocer de primera mano los detalles logísticos y más o menos divertidos de estos viajes. La segunda parte se vale de un lenguaje más técnico para exponer, a partir de los sondeos faunísticos llevados a cabo, los hallazgos científicos y nuestras primeras conclusiones sobre el estado de estos sugerentes y duros ecosistemas.

Desde Harmusch queremos transmitir al público de todo tipo el extraordinario valor de estos ecosistemas. Somos conscientes de que los temas que aquí se tratan nunca fueron muy rentables, aunque tienen buena prensa. Pese a todos los obstáculos que hemos ido encontrando vamos montando nuestras vidas en torno a estos sueños, sueños que ya nos encargamos nosotros de luchar para hacerlos realidad.

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Parte de Harmusch con el insigne Benigno Varillas, en la presentación de la SECEM

Queremos agradecer desde aquí a nuestro editor todo su esfuerzo para que este proyecto saliese adelante, muchas gracias Nacho. Y como colofón otro parrafito de Benigno:

«Esta dinastía de pacíficos exploradores amantes de la vida salvaje siempre fue escasa entre las castas, estas ya en sentido peyorativo, de los neolíticos pastores, agricultores y guerreros que desde hace 9.000 años dominan el planeta y han superpoblado el mundo de esclavos hasta la saturación. Nuestros naturalistas son herederos de la especie de sapiens libres del Paleolítico, aquellos que supieron mantener el equilibrio poblacional y mental con la naturaleza durante 100.000 años. Y son la avanzadilla del hombre del futuro, capaz de entenderse con el resto de los seres vivos y consigo mismos. De disfrutar la Tierra».

¡¡Gracias maestro!!

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Expedición al Sahara Occidental (8). Cavernas.

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Las cuevas están situadas en la parte más alta del páramo. Hay una buena vista desde allí. Javi Chico se estuvo entreteniendo en sacar restos. Excavó. Se coló hasta los recovecos más inaccesibles. Ayudado del frontal. Trajo al campamento una buena muestra de lo que devoran las hienas.

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Algunas de las cuevas están tapiadas. Cuenta Valverde en sus memorias que los oriundos del lugar utilizan estos huecos de las montañas para protegerse de la calorina. Se está mucho mejor que debajo de una acacia. Las cuevas están amuralladas de forma precaria, pero lo suficiente como para otorgar la autoría a un bípedo, más que a un cuadrúpedo.

Javi, el lamparones, quiere, además, enseñarnos las geodas incrustadas en los estratos. Hay algunas que han caído al suelo, rodando por la pendiente. Se pueden encontrar casi al pie de la montañita.

Después de una buena cosecha mañanera de pedruscos y huesos regresamos al campamento. Mi equipaje es cada vez más pesado. Se nota cada vez que hay que moverlo. ‘¡¿Pero que llevas aquí?!’ me espetan mis compañeros. ‘¿Piedras?’ preguntan con afán de cachondeo. ‘Pues sí, justamente. Piedras’. Tampoco destaca mucho entre los restos de huesos y cráneos que los demás esconden entre la ropa.

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Seguimos recorriendo territorio. Hoy buscaremos donde establecer el tercer campamento. Vemos restos de piconeras. Arbustos o árboles convertidos en trocitos de carbón. Se utiliza para cocinar, para calentar el agua del té. Para  quemar el tabaco de la narguila.

Detenemos los coches en un lugar que parece apartado y poco transitado. El viento dominante del norte va creando montoncitos de arena a sotavento, denominados rehba. Cada matorralito, cada resalte del terreno, tiene un testigo en forma de montoncito de arena. El viento viene del lado contrario.

El fenómeno se observa a simple vista. Pero si uno se agacha ve que también ocurre a escala de pedrusco. Micromontoncitos.

A ras de suelo el miope descubre más cosas. Las huellas de los insectos recuerdan caracteres sumerios. Los caparazones huecos de los escarabajos, decolorados. Desteñidos por el sol.

Las collalbas negras de Brehm no se dejan asustar. Dejan al caminante acercarse bastante. Saltan  de una rama a otra. Se paran. Te miran. Se dejan retratar.

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La lista de paseriformes ha ido aumentando. Cada noche los biólogos actualizan sus cuadernos. Por lo visto la alondra ibis es un gran avistamiento.

La mochila de ataque ha empezado a sufrir el desgaste. Sobresale un palo de su estructura. Llevaba días queriendo asomar y por fin ha cascado. ¿Pero tú que llevas ahí? Me pregunta Gerardo, el rey de lo escueto. Además de un par de botellas de agua y la comida llevo el jersey que me sobra por el día pero que es imprescindible al atardecer. Y la crema del sol. Y un mapa de Marruecos. Y pilas de repuesto. Y el frontal. ¡Ah! Y un par de libros. ‘¿Libros? ¿Para qué traes los libros? Los puedes dejar en el coche’, pregunta incrédulo. ‘Por si nos secuestran’ es mi respuesta. ‘Y llevo el cuaderno de notas. Imagínate que de repente, en este secarral me pilla de improviso la inspiración y se me ocurre la novela de mi vida.’

En lo más perdido del amplio llano aparece de repente un rebaño de ovejas. Ya la hemos jodido. ‘Hasta aquí hemos llegado. Mirala’ovehavieho’ dice el Indio en un perfecto granaino[1]. Si hay ovejas hay pastores. Y en consecuencia las gacelas estarán lejos. Abortamos la búsqueda por esa zona. A la sombra de una acacia, la única que encontramos, nos comemos unos pistachos. Es increíble que haya animales pastando por aquí. Apenas encontramos materia verde.

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Seguimos caminando. Nos volvemos a desenhebrar. Cada uno por un lado. Con sus pensamientos. Me paro a beber agua. Los pistachos me han dado sed. Y entonces aparece la música de viento. De la nada. El viento, casi imperceptible, le saca sonidos a la botella sin tapón.

Vuelve la noche sin darnos cuenta. Caen los días sin sentirlos. Hemos entrado en la atemporalidad. La lumbre lamiendo los resecos leños. El humo que impregna una y otra vez la ropa. La pipa caliente entre las manos. Las miradas perdidas en el fondo de las brasas. ‘Cómo se agradece la candela’ dice Bego. La candela. Me anoto la palabra. Llevo papelitos por los bolsillos en los que voy garabateando cosas.

Poco a poco vamos a las tiendas, aunque esta noche tres de los nuestros van a ver qué se ve. Por la tarde parte del equipo descubrió un oasis cerca del campamento, con sus tres palmeras. Es un buen lugar en el que poder ver cosas. Se han dedicado a colocar redes para ver si caían murciélagos (y luego soltarlos, claro). El atardecer lo hemos pasado allí. Yo llegué más tarde, después de ver la nota que dejaron en el parabrisas de uno de los coches. Los walkies no funcionaron. Probablemente estábamos demasiado distanciados.

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[1] Mira las ovejas, viejo

Expedición al Sáhara Occidental. 2011. (6) El Regg Labyad

Según los últimos informes, Standard&Pool y Moody’s han rebajado la nota de calificación de nuestro stock de pan. Ya no tiene la triple A. Uno le da la AAB- y el otro ABB pero con tendencia negativa amortiguada.

Vamos, que el pan se está poniendo duro.

Javi Chico nos enseña una manera rápida de convertir los mendrugos de pan en algo exquisito. Con desparpajo los tira encima de las brasas y las cenizas. Nosotros, que los poníamos a calentar apoyándolos sobre ramas o piedras nos escandalizamos. Parece como si los quisiese utilizar de combustible. Pero no. Allí, en contacto directo con las brasas, reviven. Abriendo esos panes crujientes por la mitad y echándoles aceite de oliva y sal queda un desayuno inigualable.

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Javi, el lamparones, sigue durmiendo en el techo del land rover. Por eso de ver las estrellas. Así que suele ser el primero en levantarse, para ir cuanto antes a la hoguera y desentumecerse. ¿El primero? ¡No! Antes asoma el Indio, acostumbrado a los madrugones y la rasca.

Uno de los hallazgos de la jornada anterior no fue muy feliz. Encontramos los restos de una hoguera aún humeante. Al lado había una cola de gato montés, cortada hacía pocas horas. La red de pistas que descubrimos y los linternazos que vamos viendo por las noches nos permiten concluir que se caza de modo bastante activo. Eso cuadra también con los todoterrenos que avistamos. Todoterrenos lujosos. Gente de pasta que sabe lo que hace. Con rutas que pasan por todos los puntos de agua que hemos ido encontrando. Saben a lo que van. A sorprender a los animales cuando van a beber. Tiran a lo que sea. Perdices, liebres, gato montés. El premio gordo es la gacela, pero todo vale.

La lumbre se va tragando los desperdicios que vamos generando. Es muy voraz. Cuando uno pasa por al lado va echando la morralla que ha acumulado en los bolsillos. La hoguera, aparentemente adormecida, responde con un par de llamas, celebrando que alguien haya echado un pañuelo, el envoltorio de un chicle o las pelusas que se acumulan en las tiendas.

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Mientras el Indio y Jesús han ido a retirar las cámaras-trampa los demás desmontamos el campamento. Rehacemos las mochilas, volvemos a meter los bidones de agua en el Toyota, las cajas de comida. Los que más trabajan con Bego y Migue, al tanto de la logística, pendientes de la ubicación más eficaz. Haciendo un puzle tridimensional cada día.

El plan para hoy es seguir rumbo este y buscar un lugar que nos parezca bien en el Regg Labyad. Aquí vamos a encontrar arena, incluso campos de dunas, un hábitat mucho más adecuado para el gato de (adivinen) las arenas. Antes de salir detectamos dos águilas reales. Ángel y Jesús, que no paran de otear el horizonte con sus prismáticos, han visto algo. Enseguida hemos desplegado toda la artillería óptica que traemos y con gran pericia los expertos han encontrado el nido en un roquedo.

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Así da gusto. Es impresionante lo que esta gente es capaz de detectar. Si yo fuese solo por aquí me llevaría la sensación de que esto es un pedregal vacío. Pero con los harmusch la cosa cambia: ‘Mira’, te dicen ofreciendo el telescopio, y perfectamente enfocado, en el centro del objetivo, está el águila.

Javi Chico adora conducir por el desierto. Va feliz. En su salsa. Los del techo se agarran como pueden a las barras de la baca. Pasamos rebaños de camellos. Las madres interponen su cuerpo entre los coches y su cría. Da igual que vayas para adelante o para atrás intentando sacar una foto de madre e hijo. La madre siempre delante. Siempre protegiendo. Con lo único que tiene. Su cuerpo. Su vida.

Encontramos varios asentamientos de pastores a lo largo del camino. Casi todos muy provisionales. Otros parecen más estables. Junto a estos últimos hay pozos y aljibes de reciente construcción. Toda el agua que se saca del subsuelo es en detrimento de las acacias.

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Los cuervos saharianos levantan el vuelo cuando pasamos junto a la carroña que trabajan. ‘Buena señal’, dice Ángel. Si hay cuervos es que no ponen veneno’, aclara. ‘¿Y cómo es eso?’, le pregunto. ‘Los cuervos son los primeros en desaparecer, porque son los únicos que encuentran todas las carroñas. Si de manera habitual se ponen cebos envenenados los cuervos serían los más afectados. La presencia de cuervos indica que el uso del veneno no está extendido por la zona’.

Una vez más me doy cuenta que ir a buscar bichos parece un juego de detectives. Hay que estar atento a cualquier detalle. Leer el paisaje. Anotar cada suceso, por insulso que parezca.

Tengo la sensación de que los días se nos escurren entre las manos. Pasan sin notarse. Ya está atardeciendo. Necesitamos buscar un lugar en el que pasar la noche. Encontramos uno al pie de un relieve interesante, peculiar, que nos puede ser útil para localizarlo desde lejos.

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Dejamos los coches en unas raquíticas sombras. De nuevo volvemos a fragmentarnos y desperdigarnos: parecemos una rehala de sabuesos que sale desaforada en cuanto le abren la puerta. Husmeamos todo lo que podemos. Enseguida hay alguno que ha empezado a trepar la paramera. Otro que busca excrementos de guepardo en lo alto de las acacias. Otros se meten por el oued. Otros colocan las trampas para micromamíferos. La actividad es febril. Aquí no se está quieto ni dios. Ni tampoco Alá.

A las tantas, cuando estamos poniendo en la lumbre unas patatas, llega Javi Chico, que es el que se fue por la paramera. Es noche cerrada. Empezábamos a preocuparnos. Nos cuenta su último hallazgo. Un camello muerto. Recién parido. La madre dando vueltas en torno al cadáver, nos cuenta. Desesperada. Para evitar que den cuenta de él los carnívoros. Los hambrientos chacales. Los cuervos.

Es cruel. Es brutal. Es la naturaleza. Proteína que circula constantemente.

Al minuto de la noticia un coche sale a toda velocidad. Ángel y Javi, el lamparones, se aferran como pueden a la baca. Focos, linternas y frontales barren el llano. En busca de ojos. Vamos a buscar el camello muerto, un sumidero de carnívoros. Una cámara trampa colocada allí puede dar mucha información. ‘¡Allí, allí, tío!’ exclama Gerardo. Experto en avistamientos nocturnos ya ha detectado unos ojillos. ‘Dale tío, dale’ Le espetamos al conductor.

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El coche empieza a bandear. A coger velocidad. Alguien saca la cabeza por la ventanilla y les dice a los de arriba: ‘¡Agarraos!’. ‘Dale, Javi, dale’. ‘¿Más?’, responde algo incrédulo. Mientras el zorrillo a toda pastilla dando unos requiebros que nos hacen variar el rumbo contantemente. Javi Chico, que también quiere ver al cánido. ‘Tú mira para adelante que nos vamos a dar una hostia’. ‘¡Y acelera coño!’. Entonces retador, responde: ‘¿De verdad me dais permiso para ir más rápido? Vale’ –se contesta él mismo. Y entonces sí. Empezamos a acortar distancias. Y a notar los golpes de los de arriba, que las deben estar pasando canutas.

Vemos al zorro de Rüppel a placer. Perfecto. Con la punta de la cola blanca. ‘Para, para, que lo revientas’.Bajamos el ritmo, y el zorrillo se diluye en la noche. Seguirá buscando gerbos.

Por fin retomamos la ‘ruta’ y llegamos al camellito muerto. La placenta ya ha desaparecido. Y los cuartos traseros. La madre se ha perdido en la oscuridad. Consciente de que no había nada que hacer. Se ha alejado de allí. Al menos no ver cómo desgarran el cadáver de su hijo. Como los cuervos le picotean los ojos.

Vaga la camella en la noche sahariana. Vaga sola, desconcertada. Llora. Las lágrimas se filtran en el pavimento del desierto. Pedregales silenciosos. No tiene más remedio que seguir adelante.

La vida es una lucha a muerte.

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