Un proyecto para la Fundación Panthera

Uno de los propósitos de haber formado una Asociación es conseguir fondos para financiar expediciones y cubrir, al menos una parte, los gastos en los que incurrimos al divulgar nuestra actividad (como congresos) o comprar el material (como cámaras-trampa) con el que llevamos a cabo nuestras pesquisas faunísticas.

Bajo el paraguas de la figura jurídica que otorga ser una Asociación, tenemos la cobertura necesaria para poder presentarnos a las diversas convocatorias de proyectos de investigación y/o conservación  que van surgiendo.

Con diversos argumentos, nos vamos presentando a todas las que se van poniendo a tiro y nuestros medios humanos son capaces de afrontar. Y por fin ha llegado una respuesta esperanzadora, y lo hace desde un organismo que es relevante en el mundillo en el que Harmush se mueve, la Fundación Panthera.

El objetivo de esta Fundación es tan simple como contundente: asegurar un futuro a los felinos y los paisajes que habitan. Algo que nos suena mucho y un foro en el que podríamos hacer más de una propuesta. Pero, como  veníamos diciendo, nuestra capacidad de acción es limitada, y hemos de afinar y precisar los proyectos que presentamos.

Uno de los programas que la Fundación Panthera financia lleva por título ‘Small Cat Action Fund’, lo cual encaja a la perfección con una serie de descubrimientos relativamente recientes por parte de nuestro equipo y que tienen que ver con el gato de las arenas (Felis margarita).

Así, aprovechamos la ocasión para redactar una propuesta en la que  un proyecto cuyo objeto de estudio  es el gato de las arenas. Concretamente, lo que pretendemos hacer es actualizar la información sobre este esquivo felino que habita en el Sahara, territorio con el que estamos muy familiarizados.

Felis margarita

El gato de las arenas está incluido en la  Lista Roja de la UICN, y es una especie muy mal conocida. Debido a la dureza de los hábitats por los que deambula, los desiertos norteafricanos y del occidente asiático, su estado actual y su distribución  son inciertos. Prueba de ello, es que tan solo existen mapas de distribución con carácter tentativo y que la propia UICN ha calificado su tendencia poblacional como desconocida.

Con estas necesidades de conocimiento y puesto que Harmusch ha dado con el gato en varios de los bandazos saharianos, lo que proponemos a la Fundación Panthera es realizar un sondeo sistemático por las zonas que creemos más proclives. Además de este aporte, que no es menor, sabemos por experiencia y por la visión multidisciplinar de nuestro grupo (Harmusch es un ente polifacético y en cada viaje se registran y toman datos sobre  diversos aspectos faunísticos; el índice de nuestro libro LINK es prueba de dicha versatilidad) que el esfuerzo para detectar y estudiar gatos de las arenas puede redundar en beneficio de otras especies de felinos muy amenazadas, como el guepardo sahariano (Acinonyx jubatus hecki) y el caracal norteafricano (Caracal caracal algira).

Ambas especies han habitado, al menos hasta tiempo muy recientes, nuestra zona de estudio y aunque el guepardo parece que se ha extinguido, es imposible sacar conclusiones si el lugar no se rastrea a fondo. Algo parecido sucedía con el lince del Himalaya [1]. Se sugería que podría haberse extinguido en algunas zonas importantes, pero nadie había ido a mirar. Como el caso que nos ocupa, son terrenos complicados, allí eran los valles himaláyicos y aquí el desierto, y es necesario meterse a fondo para tomar datos y sacar conclusiones.

OUED AFRAA-9 con logo

Nuestros propósitos son: (i) evaluar el estado del gato de las arenas en las zonas del Sahara Atlántico que hemos prospectado durante los últimos años, por medio del uso de cámaras trampa y el análisis molecular de excrementos, con lo que se pretende estimar tanto la densidad poblacional como su distribución. (ii) Además  queremos recoger información relevante sobre su selección de hábitat y coexistencia con otros mamíferos simpátricos (gato montés, fenec, zorro de Rüppell, ratel, etc…). (iii) Usando el mismo protocolo, prospectaremos la existencia de otras especies, incluyendo a los probablemente desaparecidos guepardo y caracal.

Tras la respuesta afirmativa a nuestra propuesta formal por la Fundación, hemos de concretar un proyecto operativo estimado en 14.000 dólares, que esperemos sea finalmente financiado. Crucemos  los dedos. Y si no nos lo dan, siempre podremos recurrir a nuestro viejo argumento: el éxito de nuestras solicitudes aumenta nuestra capacidad de trabajo y prospección, pero su fracaso no impedirá que sigamos yendo al Sahara. Eso lo sabemos todos.

[1] Aquella expedición quedó narrada en el libro Altitud en vena

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